Abdus
fue siempre un hombre práctico,
distinto del físico teórico,
soñador y despreocupado, que el
hombre de la calle imagina. Yendo del
aeropuerto a la ciudad me dijo "
vayamos a un lugar tranquilo, con un grupo
de científicos e ingenieros activos
del lugar, para discutir un asunto simple:
qué pueden hacer los físicos
peruanos para ayudar a elevar el ingreso
bruto nacional".
Esa
misma tarde lo llevé a casa de
don Mario Samamé, nuestro reverenciado
rector, quien había ya empezado
a reunir amigos para nuestra reunión.
Nuestra Cancillería había
continuado especulando si Salam visitaría
al presidente o no. Salam había
ya decidido no hacerlo, pero sí
visitar informalmente al ministro de Relaciones
Exteriores, el único civil en el
gabinete. Hubo de alterar en algo esta
decisión como veremos más
adelante.
Empezamos a discutir, o mas bien a escuchar
a Salam, quien gustaba de hablar robustamente,
pero cada quien contribuyó oportunamente
con sus ideas. Fue entonces súbitamente
que me di cuenta que había desaparecido
y empecé a tratar de ver qué
había sucedido. El anfitrión,
don Mario para nosotros, no hablaba inglés
y yo me pregunté qué necesitaba
Abdus en ese momento. Los encontré
juntos en una habitación vacía
con el problema ya resuelto.
Don Mario había traído una
alfombrita para que Abdus arrodillado
dijera sus plegarias. La hora local y
la orientación correcta habían
sido ya bien determinadas.Hablamos por
dos días con gente que salía
y entraba todo el tiempo. Don Mario había
sido candidato presidencial en 1962 y
tenía muchos amigos. Personalmente
era una autoridad en minería. La
variedad de minerales peruanos es tremenda,
pero la separación, identificación
y purificación de su contenido
para poner precios razonables no eran
de ninguna manera hechas bien. He aquí
un campo donde los físicos podrían
ayudar usando las técnicas espectroscópicas
de la física moderna. Allí
aprendí también que los
mineros más científicos
del mundo eran los australianos. Perforaban
la roca con aceleradores de electrones.
Los europeos y norteamericanos desde luego
tenían mejor ciencia, pero no minas
enormes que explotar como los australianos.
Abdus había visitado al ministro
de Relaciones Exteriores y ahora don Mario
le urgía ver al ministro de Energía
y Minas, un general del ejército,
desde luego. Un Centro para el Estudio
de Minerales permitiría a los físicos
contribuir de manera práctica.
Abdus había estado en el Instituto
Peruano de Energía Nuclear descubriendo
que el hombre que lo dirigía era
también un general. Le había
sorprendido saber que un reactor experimental
de 10 megawatts estaba siendo construido
en la Argentina para el Instituto y le
había preguntado inmediatamente
al general para qué querían
un reactor con esa incorrecta energía:
"demasiado alta para las aplicaciones
convencionales, demasiado baja para lo
que ustedes tienen en mente" (un
reactor produce plutonio, ingrediente
de bombas nucleares), sin obtener respuesta.
Abdus entonces dudaba de ver a otro general.
Pero don Mario prevaleció y lo
llevamos al Ministerio de Energía
y Minas. El ministro, conocedor ya de
todo, ofreció 100,000 dólares
como contribución inicial del gobierno
para el Centro. Esto soltó de lleno
los instintos planificadores de Abdus.
Pero ellos duraron, lo siento mucho, por
poco tiempo. Aquel mismo año, unos
meses luego de la visita de Abdus, el
precio del cobre, la mayor exportación
mineral del Perú, cayó a
abismos insondables. El ministro jamás
llegó a soltar un centavo para
el propuesto Centro.
Vino luego la visita al Cusco, la vieja
ciudad inca cerca de Machu Picchu, la
atracción turística mejor
conocida del Perú. Abdus comentó
'' esto es mejor de lo que mis amigos
me dijeron''. Luego dirigiéndose
al Rector de la Universidad del Cusco
añadió: el problema es que
cuando pregunté a mis amigos sobre
la Universidad del Cusco me dijeron que
no sabían que había una.
Fue allí que se empezó a
planear una escuela de verano, de modo
que los visitantes de Machu Picchu pudieran
pagar su boleto de entrada con conferencias
para los estudiosos andinos. La escuela
vino a ser llamada Multiciencias y está
todavía en funcionamiento.
Las celebraciones después de la
fundación fueron abundantes y Abdus
regresó enfermo a Lima. Estaba
alojado desde luego en el Crillón,
el mejor hotel de la ciudad. El médico
del hotel golpeó la frente de Abdus
al entrar a su habitación. Como
no hablaba inglés, Abdus me preguntó
si se suponía que él respondiera
de la misma forma confirmando ser de la
misma religión. Nada de eso! El
médico estaba simplemente mostrando
la nueva moda de la profesión:
el termómetro frontal.
Se repuso rápidamente, alegrándose
por dos cosas que llegaron a su habitación:
un surtido de frutas locales y la carta
de un físico peruano sobre un problema
de relatividad general. Abdus comió
la fruta, pero dijo que el problema no
era realmente de su línea. Lo pasaría
a un especialista en Londres.
En el aeropuerto, esperando por su vuelo,
mi esposa notó que los pantalones
de Abdus estaban sujetos por una soguilla
como la que usan los campesinos nuestros
para el mismo propósito. Le preguntó
entonces qué le había pasado.
Se había roto semanas antes y no
había podido encontrar reemplazo
del tamaño apropiado. Después
enfrenté yo el mismo problema con
las chompas de alpaca que le gustaban
tanto. No las podía encontrar para
su tamaño.
Hace un año, lástima, había
adelgazado mucho, pero su espíritu
no cesará de crecer entre nosotros,
sus colegas y amigos en todo el mundo
en desarrollo.
*** El autor de esta nota es actualmente
profesor en la Escuela de Post Grado y
el Instituto de Ciencia y Tecnología
de la Universidad Ricardo Palma, después
de haberse jubilado como Profesor de Física
en la Universidad Nacional de Ingeniería.
Conoció al Profesor Salam en 1970
cuando la UNESCO lo invitó a formar
parte del Consejo Científico del
Centro de Trieste, lo que cambió
el curso de su vida.
|