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Clases particulares |
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¿Has
pensado en dar clases?
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Procura que cada sesión
no sea excesivamente larga
y modula los espacios de
tiempo en relación
a las materias que tienes
que impartir. Si sólo
es una materia, estructura
la sesión en diferentes
tareas, alternando tu participación
y la suya.
Inicia la sesión
haciendo preguntas sobre
el tema a tratar. Es importante
que lo que quieras enseñar
apunte a las necesidades
inmediatas o específicas
del alumno. Procura que
esas preguntas sirvan de
iniciación, de entrada
en materia, no de evaluación.
Altera el orden de los pasos
de tu explicación
y de la práctica.
No comiences siempre explicando
para pasar luego a la práctica.
Es importante generar
un equilibrio en la participación
del profesor y del alumno.
Por ejemplo, tu evaluación
puede ser simétrica:
Plantea el juego de alternar
los papeles. En lugar de
hacer tú las preguntas
del examen, que cada uno
realice una pregunta. El
resultado final del examen
debe importar lo mismo que
un tanteo en un juego. Este
sistema no sólo sirve
para desautomatizar el concepto
adquirido de examen sino,
además, ayuda a conocer
el grado de conocimiento
de tu alumno.
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En primer lugar, estudia
por qué tu alumno
necesita esas clases: tuvo
dificultades de estudio,
de adaptación al
profesor, al grupo; no estudió
lo suficiente
Evita estructuras
y métodos que se
asemejen al periodo de clase
regular. Hazle entender
que las clases son
solo clases extracurriculares.
Reparte los contenidos
en el periodo total de clases.
Un periodo de cinco sesiones
puede ser bueno; además,
coincide con una semana
hábil.
Intenta que cada
sesión de esa semana
sea una unidad. Hay diversas
maneras de enfocar una sesión
de enseñanza-aprendizaje,
pero aconsejamos que el
método que utilices
sea claro para el alumno
y que le sirva para que
él descubra que estructurar
por pasos el aprendizaje
facilita el trabajo que
haga luego en solitario.
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