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martes :: 09 / 02 / 2010
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Para tal fin, el ponente empezó por señalar que el concepto de “cultura” que se maneja hoy es muy distinto del que se esgrimía hace medio siglo. Aquél y sus predecesores solían limitarse al campo de lo que se denomina “las bellas artes”. Actualmente, sin embargo, casi la totalidad de lo producido por el Hombre es considerado un hecho cultural -sea atendiendo a un criterio artístico, sea siguiendo un criterio más ligado a la técnica.
En una época como la nuestra, de incesante redefinición de conceptos a causa de la globalización -“mundialización”, según Montiel-, se le han asignado a la cultura nuevas atribuciones, con el fin de que ayude a resolver los problemas sociales, fomente el desarrollo sostenible de un país, mejore sus relaciones internacionales, oriente al gobierno de turno con justicia y equidad, y combata la pobreza.
Pero además de los nuevos campos en los que ahora tiene injerencia, la cultura también presenta una nueva naturaleza. Hoy existe una masa continental de mil millones de personas moviéndose constantemente, por razones de turismo o de trabajo. Este traslado masivo, inédito en la historia de la humanidad, ha dado paso a un intenso proceso de transculturación, que hace que la noción de identidad y su conformación muten al adquirirse nuevos hábitos. Paralelamente, esta macro-migración reconfigura la economía, la política y las ciencias -lo que, por supuesto, no debe hacernos olvidar que la mitad de la humanidad nunca ha hecho una llamada telefónica, ni tiene luz eléctrica, ni ha accedido alguna vez a Internet. Se forma, así, una especie de identidad poliédrica, con una estructura básica y decenas e incluso cientos de caras o facetas -un fenómeno que han hecho posible las nuevas tecnologías de las que disponemos.
La cultura, pues, revalora no sólo cosas que podrían considerarse “mínimas”, sino también la excelente formación empírica (concretamente, aquella recibida de generación en generación) de nuestros maestros artesanos, nuestros guitarristas eximios, nuestros gastrónomos sublimes. Se hace, entonces, imperioso difundir la gran creatividad de la que gozamos los peruanos.
El expositor fue enfático en indicar que no puede haber un desenvolvimiento adecuado de la vida social si no se promueve ni estimula el sentido de pertenencia o identidad que la cultura brinda. De este modo, la cultura también se entiende como un factor de cohesión social, de identificación individual y colectiva, lo cual es extremadamente importante ahora que se “compite” con paradigmas culturales foráneos. Es, por ello, un deber de primer orden crear un Ministerio de la Cultura.
Finalmente, Montiel abordó los nuevos aspectos económico y político que domina ahora la cultura. En efecto, ésta confiere las bases para un desarrollo más integral y significativo, pero sobre todo representativo de todos los peruanos. Nuestro programa curricular en los colegios no contempla la enseñanza de culturas nacionales ni internacionales. Hay que empezar por enseñarles estas cosas a los niños, no de manera pasiva, sino participativa.
Fuente: Universia Perú